El cultivo de cannabis y su alto impacto ambiental

Cada vez más lugares en el mundo toman la decisión de legalizar el consumo de cannabis y México también está a punto de hacerlo oficial. Sin embargo, el cultivo de marihuana podría tener un impacto ambiental significativo, debido a su amplio cultivo en interiores. Tan solo en Colorado, Estados Unidos, más del 80% de los cerca de medio millón de kilos de cannabis que se producen en el estado, se cultiva en interiores. Esto según el blog de la Escuela de sostenibilidad ambiental global de la Universidad Estatal de Colorado (UEC). En él aseguran, este tipo de práctica opera con una importante huella de carbono, debido al uso de energías basadas en combustibles fósiles.

Según Hailey Summers, becaria de liderazgo en sostenibilidad en la UEC, además de la energía que consumen luces y ventiladores en los invernaderos de interiores, existen otros factores a considerar. En el impacto ambiental del cultivo del cannabis, además de los requerimientos de energía, también influye la cantidad de agua, fertilizantes, pesticidas, suelo, desechos, entre otras cosas, utilizados en su producción. Varios de estos materiales liberan gases de efectos invernaderos en su fabricación y deben considerarse al medir la huella de carbono del cultivo de marihuana. Tomando en cuenta estos datos, la UEC desarrolló una herramienta para cuantificar los gases de efecto invernadero involucrados en la cadena de producción del cannabis en Estados Unidos.

De esta forma encontraron que los peores lugares para cultivar marihuana en interiores en Estados Unidos son Alaska, los estados del medio oeste y las Rocallosas de Colorado. Esto principalmente por el clima, frío y seco en estos lugares, además del origen en combustibles fósiles de la electricidad en estas zonas. Áreas como California, el noreste del Pacífico y el noreste del Atlántico son más adecuadas por la necesidad limitada de manipulación del clima y emisiones más bajas en la generación de electricidad. Pese a las variaciones regionales, sin embargo, las emisiones de gases de efecto invernadero del cultivo de marihuana son sustanciales. Según Hailey Summers, fumar un porro de cannabis cultivada en interiores es peor comparado con comer una hamburguesa, en términos de huella de carbono.

La forma más sencilla de disminuir el consumo de energía, según Summers, sería cultivar el cannabis en invernaderos o exteriores. Sin embargo, estas prácticas no están libres de una carga ambiental, con el riesgo de incurrir en desvío ilegal de agua, acabar con los nutrientes del suelo, la deforestación, entre otros. De acuerdo a un estudio publicado en Frontiers in Ecology and the Environment, la siembra de cannabis para producción comercial en lugares remotos genera la fragmentación de bosques. También modifica arroyos, erosiona el suelo y causa deslizamientos de tierra y, sin políticas de uso de la tierra para limitar su huella ambiental, los impactos podrían empeorar. Además, de acuerdo a un estudio publicado en Environmental Research Communications, el cultivo de cannabis podría tener un impacto significativo en los recursos de aguas subterráneas y superficiales. Esto particularmente cuando se combina con el uso residencial de estas aguas, con un mayor impacto a fines del verano.

Debido al alto impacto ambiental del cultivo de cannabis, en interiores tanto como en exteriores, pareciera que la alternativa más sostenible es el autocultivo con ayuda únicamente de la luz del sol. Especialistas como Summers, afirman, esto es suficiente para el cannabis, pues, a final de cuentas, se trata de una hierba resistente y de fácil crecimiento.

NotiPress/Jorge Cerino

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